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Estamos todavia iniciando el 2009 y son muchas las noticias que han impactado a el genero Salsero, cada una tal vez mas tragica que otra, algunas quizas son de alegria, lastimosamente ese no es el caso de esta.
SAN JUAN (HERENCIA LATINA). Según información de Israel Sánchez Coll, del portal Herencia Latina, Oquendo murió en una operación relacionada con problemas en los riñones. Allí le sobrevino un ataque cardiaco. Nacido en Brooklyn en 1931 como José Manuel Oquendo, se inició en la música como bongosero de una agrupación juvenil llamada Sexteto Sanabria. En plena efervecencia del mambo, pasó por diferentes big bands latinas, destacándose en la orquesta de Tito Puente en los tiempos del Palladium Ballroom. A partir de allí vivió varias temporadas trabajando para pequeños grupos, aunque se consolidó en el conjunto La Perfecta de Eddie Palmieri.
En el boom de la salsa colaboró con Larry Harlow e Ismael Miranda, pero en 1974 comenzó a trabajar como timbalero con los hermanos Andy y Jerry González en proyectos alternativos de rescate de la sonoridad afrocubana con proyecciones didácticas. Así nació el Grupo Folclórico y Experimental Nuevayorquino, y a continuación el Conjunto Libre. El primero es considerado como un símbolo de la música latina más allá de la Fania, y el segundo como el ejemplo perfecto de la sonoridad salsera. Por iniciativa de Andy González, Libre, en sus comienzos un colectivo de nuevas estrellas, pasó a llamarse Manny Oquendo & Libre.
Al frente de esta orquesta se paseó por diferentes escenarios del mundo, dictando cátedra de como se maneja la pausa en la ejecución de los timbales. Entre sus éxitos se destacan Tu No Me Quieres, Imágenes Latinas, No Critiques, Goza La Vida, Decídete, Lo Que Se Da No Se Quita, Donna Lee y Muévete Un Poco.
En su honor se hizo el pasado Día Nacional de la Salsa en San Juan de Puerto Rico.
Aporte Salsa Global
Nació en el Caribe y se ha puesto de moda en el mundo desde que la exporta Nueva York

Articulo Por: Antonio Gómez, (El Pais Edicion Global "España" 08/07/1984)
Antes de que la salsa fuera bautizada así ya existían los ritmos latinos. Tenía su origen primero en Cuba, en el son y el danzón, la rumba, el bolero, la guaracha y el guaguancó, y se ramificaba en formas musicales nacidas en otros países centroamericanos: el merengue, la cumbia o la bomba, dando origen a ritmos de nuevo cuño, desde el mambo al chachachá. Sus instrumentos básicos eran los timbales, las tumbadoras, los bongos, el guiro, las maracas o las claves. Ritmos e instrumentos que tocaban figuras ya míticas, como Antonio Arcaño y sus Maravillas, la Orquesta Aragón, la Sonora Matancera -con Celia Cruz-, Miguel Matamoros con su trío y la Orquesta de Enrique Jorrin, entre muchos otros.
Pero la fiebre latina comenzó a extenderse por el mundo desde Ámerica del Norte. Los primeros percusionistas cubanos se intalaron en el jazz a través del be-bob. Así ocurrió con Chano Pozo, que tocó con Dizzy Gillespie cuando el gran jazzmen americano se interesó por los sonidos latinos, o Machito, el as de la rumba, que murió el año pasado después de haber organizado las más importantes orquestas de jazz-latino, el término que inventó Mario Bauzá, director musical del grupo Afrocuban, en los años cincuenta. Y estaban también Tito Puente, Benny Moré, Mongo Santamaría, Pérez Prado, Curret Alonso y Tito Rodríguez.
Eran los tiempos en que Hollywood se interesaba por abrir mercados y llenaba sus películas de hispanos de guardarropía. Las orquestas latinas amenizaban bailes, fiestas y saraos, y de cuando en cuando se reunían en el mítico Paladium, la sala de baile de la calle 53 de Nueva York.
La salsa nació en Nueva York
Pero aquello todavía no era salsa. La salsa es un invento típicamente neoyorkino, fruto de la influencia de todos esos músicos anteriores, de la existencia de una juventud de origen latino nacida, o residente en Nueva York, en barríos marginales de los que la salsa es la mejor expresión, y de dos hechos aparentemente contradictorios: el exilio producido por la revolución cubana y la toma de conciencia de las minorías raciales norteamericanas.De Cuba llegó Celia Cruz, que ya había sido famosa en su país como cantante de la Sonora Matancera, y se integró en la música latina neoyorkina como la reina que era. En Nueva York surgían nuevos instrumentistas y cantantes que ya no podían pasar por alto un ritmo de la ciudad que se unía al heredado de sus antepasados.
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